BREVE RESUMEN DE LA HISTORIA DE CATALUNYA

Habitado ya en época prehistórica -los primeros restos fósiles conocidos pertenecen al paleolítico mediano-, el territorio catalán fue colonizado por los griegos, los cuales fundaron, hacia el 600 AC, la factoría de Emporion (Empúries), que, con la de Rode (Roses), derivaron en dos de las colonias griegas más occidentales. La presencia de griegos, fenicios y cartagineses en la costa catalana ejerció una influencia decisiva en la configuración de la cultura de los íberos, nombre que griegos y romanos dieron a los pueblos indígenas del interior. Durante las guerras púnicas, Emporion mantuvo una sólida alianza con Roma, y en su puerto desembarcaron los ejércitos romanos de Cnaeu Scipio (218 AC), de Publius Scipio (210 AC) y de Marco Porcius Cato (197 AC), que empezaron la conquista y romanización de la península Ibérica.

 La romanización, que dejó una fuerte impronta en Cataluña, se impuso limpiamente hacia el fin del siglo I AC, cuando ya se había consolidado la penetración de la lengua latina, del sistema legislativo y de las estructuras sociales, es decir, la organización urbana y del campo, atadas por la red de vías de comunicación. La ciudad de Tàrraco (la actual Tarragona) devino capital de la provincia Tarraconense -que comprendía un amplio territorio desde el Pirineo a Cartagena-, y fue uno de los grandes centros políticos y religiosos de Hispania, que mantuvo su importancia -bien visible en los importantes restos arqueológicos conservados- durante el bajo imperio. Con el cristianismo llegó a ser centro de un arzobispado.

 El reino visigótico, que sucedió al dominio romano, se esforzó por mantener las estructuras de un imperio centralizado, con sede en Toledo, pero se acabó con la conquista musulmana de la península: en 714 se produjo la primera penetración árabe musulmana en el sur de las tierras catalanas. La penetración islámica, que tuvo su techo en Poitiers (732), trajo consigo la arabización de buena parte de la península Ibérica, incluyendo un sector de la futura Cataluña. Aun así, el territorio fronterizo con el Imperio franco fue progresivamente conquistado desde el norte. En 785 la ciudad de Gerona se rindió a los francos, y en 801 los carolingios conquistaron Barcelona. Fue precisamente en torno al condado de Barcelona (cuyos primeros condes fueron nombrados por los francos), que se aglutinaron el resto de condados pirenaicos que formaban la denominada Marca Hispánica. A partir de Wifredo el Piloso (878-897), el Condado de Barcelona pasó a ser hereditario, con lo cual se dio el primer paso hacia la soberanía y la constitución de un estado catalán.

La formación de Cataluña

 El nombre de Cataluña -de etimología incierta, aunque probablemente derivado de "tierra de castillos"- se empieza a utilizar a mediados del siglo XII para designar el conjunto de condados que formaban la Marca Hispánica y que, una vez liberados de la dominación musulmana en el siglo IX, se fueron desvinculando gradualmente de la tutela franca y se volvieron soberanos.

 Este territorio soberano conocido como Cataluña Vieja, con una sociedad de cariz eminentemente feudal, inició una importante expansión territorial, que tuvo sus comienzos durante los siglos XI al XII, en tiempos del conde Ramon Berenguer III -el primero en ser denominado monarca de los catalanes-, y en varias direcciones: el levante peninsular, las islas mediterráneas y el norte occitano. Fruto de esta expansión fue la incorporación de la llamada Cataluña Nueva, al sur y al oeste del río Llobregat y hasta la zona del Ebro, que fue conquistada y repoblada en el siglo XII.

 En 1137 el conde Ramon Berenguer IV, del casal de Barcelona, se casó con Peronella, hija del rey de Aragón, y el hijo de ambos, Alfonso I el Casto, fue desde 1162 el primer monarca, a la vez, rey de Aragón y conde de Barcelona, empezando así la historia de la Corona de Aragón. También continuó la expansión feudal, que empezó por el sur y el poniente musulmán, con la consecuencia de que Tortosa fue reconquistada en 1148 y Lérida en 1149.

 Cabe mencionar que desde mediados del Siglo XI, existió el Codi d’Usatges de Barcelona (podríamos traducir como Código de Usanzas), equivalente a una Constitución que contenía resoluciones  de la corte condal, fragmentos del derecho romano y del derecho gótico, y cánones religiosos. La primera referencia documental de este código data del 1173, aún cuando la tradición otorga la promulgación del núcleo de usanzas más antiguo a Ramon Berenguer I y a Almodis de la Marca en 1068. Es decir que Cataluña tuvo una Constitución anterior, en cerca de 150 años, a la Carta Magna Inglesa (1215).

La expansión medieval

Ubicación de Corona de Aragón

Dominios territoriales catalanes en el siglo XIV, momento de máxima expansión territorial de la confederación catalano-aragonesa.

 Pero la gran expansión feudal catalana, se da en el siglo XIII y principios del XIV, con lo que la Corona de Aragón amplió su dominio al Rosellón, el Reino de Mallorca y el resto de las Islas Baleares, el Reino de Valencia, las islas de Sicilia y Cerdeña y los ducados griegos de Atenas y Neopatria y, a los que, a mediados del siglo XV se añadiría el Reino de Nápoles. La expansión se inició con el rey Jaime I, que conquistó Mallorca (1229) -de dónde expulsó la población musulmana- y Valencia (1238) -territorio al cual se dio la categoría de reino y que fue repoblado mayoritariamente por catalanes-. Posteriormente, y coincidiendo con el gran desarrollo social y económico de Cataluña en la Edad Media, los dominios catalanes se extendieron en el Mediterráneo a Sicilia y Cerdeña.

 Paralelamente, y en el tránsito de un sistema feudal a un estado monárquico, se fue configurando un sistema político que tenía como base el pactismo, es decir, la limitación del poder real por parte de las cortes -donde eran representados la nobleza, el clero y la burguesía urbana-. Este sistema constitucional dio lugar a una institución surgida a finales del siglo XIII, la Diputación del General (y que, a partir del siglo XVI, fue conocida también como Generalitat), y que adquirió progresivamente un papel político.

 Aun así, a partir de mediados del siglo XIV, se inició una época de crisis demográfica (con el impacto recurrente de la peste), económica y política, que llevó al paroxismo de una guerra civil a mediados del siglo XV.

 A Alfonso I el Casto, lo siguieron nueve Condes de Barcelona y Reyes de Aragón catalanes, hasta que en 1410 murió Martín I el Humano sin descendencia y el reino pasó a manos de su sobrino, el aragonés Fernando I de Antequera, al que continuaron 2 reyes aragoneses más.

La unión dinástica de Aragón con Castilla

 En 1469, se produjo el matrimonio del rey Fernando II de Aragón con Isabel de Castilla, llamada la Católica, y esto trajo aparejada la unión dinástica entre la Corona de Aragón y la Corona de Castilla, propiciando el camino hacia una monarquía hispánica, aun cuando Cataluña, durante siglos, mantuvo su condición de un estado de soberanía imperfecta, pero con sus instituciones propias y con la plena vigencia de sus constituciones y derechos.

 Debilitada demográfica y económicamente, y con una monarquía ausente desde la unión dinástica con Castilla, en los siglos XVI y XVII Cataluña vivió un período de decadencia, en oposición al denominado "Siglo de Oro" castellano que siguió a la conquista de América. Las pretensiones unificadoras de la monarquía hispánica fueron motivadas por un nuevo conflicto de Cataluña con el rey, el levantamiento secesionista conocido como Guerra de los Segadores (1640-1659). El tratado de los Pirineos (1659) que puso fin a esa guerra, determinó pero, la anexión de los condados de Rosellón y Cerdanya a la monarquía francesa, mientras que las instituciones políticas catalanas pasaron a ser fuertemente controladas por la monarquía hispánica.

1714: Cataluña dentro la España moderna

 En la Guerra de Sucesión entre Carlos (de la casa austriaca de Habsburgo) y Felipe (de la casa francesa de los Borbones), Cataluña junto a Inglaterra y Holanda, se puso mayoritariamente del lado del pretendiente austríaco como manera de mantener sus constituciones, en el que fue conocido internacionalmente como el 'caso de los catalanes'. Pero como Carlos pasó a comandar el Imperio Austro-Húngaro, los ingleses y los holandeses se desentendieron, dejando a Cataluña sola en esa lucha. Así fue que el 11 de septiembre de 1714, tras dieciocho meses de asedio por parte de las tropas castellano francesas que, en número de 40.000 hombres, eran ocho veces más numerosas que las defensoras, Barcelona se rindió a las fuerzas del pretendiente francés. El tratado de Utrecht, con el cual se puso fin a la guerra, significó la entronización en España de la dinastía francesa de los Borbones en la persona de Felipe V. Este rey, nieto de Luís XIV, instauró un sistema absolutista de gobierno, que comportó, tanto en los territorios de la antigua Corona de Aragón como en Cataluña, la liquidación de las instituciones y del sistema constitucional propios, mediante el denominado “Decreto de Nueva Planta” (1716). Cataluña dejaba de tener un estado propio, y era obligada a integrar definitivamente a la monarquía española.

 La Nueva Planta significó también la sustitución de la lengua catalana por el castellano en todo el ámbito público: la administración, la enseñanza, etc. Esto comportó un declive de la lengua (mantenida pero en el ámbito familiar y persistente hasta este tiempo) y de la cultura catalanas, del cual no saldría hasta la denominada Renaixença (Renacimiento) del siglo XIX. En el plano económico, y una vez superados los efectos de la guerra y de la ocupación militar, Cataluña experimentó un gradual proceso de desarrollo agrario, comercial y manufacturero, que sentó las bases para la industrialización del siglo siguiente.

Una sociedad industrial

 En el siglo XIX, Cataluña pasó a ser la región más industrializada de España: se llegó a decir que Cataluña era la fábrica de España. Este desarrollo industrial -que se basó en el sector textil, claramente hegemónico- tuvo lugar entre el año 1833, en qué empezó a funcionar en Barcelona la primera fábrica mecanizada movida a vapor, y la vigilia de la I Guerra Mundial, en qué la economía catalana ya se podía considerar plenamente industrial.

 La industrialización dio lugar a una nueva sociedad, diferenciada del resto de España, con un grado creciente de conflictividad social y con una desavenencia también creciente respecto del Estado español, que se consideraba incapaz de responder a los intereses de una sociedad como la catalana. Esto significó que a lo largo del siglo XIX, y a partir del recuerdo del esplendor medieval y de las libertades perdidas, fueran sucediéndose los movimientos que propugnan el reconocimiento de la personalidad catalana, que van del particularismo de principios de siglo, hasta varias formas de federalismo y de regionalismo. Esta reivindicación se vio impulsada, desde la mitad de ese siglo, por el resurgimiento de la cultura y de la lengua catalanas impulsadas por lo que se conoció como Renaixença.

El catalanismo: de región a nación

 La Renaixença fue, al inicio, un movimiento cultural, histórico-literario, que perseguía, en la estela del romanticismo europeo, la recuperación de la lengua y la literatura propias. Con el tiempo, y particularmente a raíz de la Revolución de 1868 y de su fracaso, el movimiento adquirió un cariz claramente político, orientado a la consecución del autogobierno en Cataluña en el marco del estado liberal español.

 En el último tercio del siglo XIX, el catalanismo fue formulando sus bases doctrinales, tanto en el campo progresista como en el conservador, al mismo tiempo que empezaba a establecer los primeros programas políticos (como las Bases de Manresa, 1892) y a generar un amplio movimiento cultural y asociativo, claramente reivindicativo.

 En 1898, España perdió sus últimas posesiones coloniales en Cuba y las Filipinas, hecho que no sólo comportó una crisis de confianza importante, sino que impulsó decisivamente el catalanismo político. En 1901 nació la Liga Regionalista, el primer partido político moderno en Cataluña y España, que en el año 1907, en coalición con otras fuerzas catalanistas (desde los carlistas a los federales) agrupadas en la denominada Solidaridad Catalana, ganó las elecciones con el programa regionalista que Prat de la Riba había formulado en La Nacionalidad Catalana (1906).

 Con todo, las tensiones sociales -puestas de manifiesto con la creación, en el mismo 1907, de Solidaridad Obrera- persistieron, y dieron lugar a la revuelta popular de la Semana Trágica (1909) y, el año siguiente, a la fundación de la CNT, el sindicato de tendencia anarcosindicalista que fue absolutamente predominante en el primer tercio del siglo XX.

 El catalanismo político creó en 1914 la Mancomunitat (Mancomunidad), primer ensayo de autogobierno, al cual puso fin la dictadura del general Primo de Rivera (1923). La proclamación de la Segunda República, en 1931, volvió a dar la autonomía en Cataluña, lo cual permitió la reconquista de una institución propia de autogobierno, que llevaría el nombre histórico de la Generalitat (Generalidad) y al inicio de un período, dramáticamente corto, de recuperación de la normalidad democrática y cultural, que se vio interrumpido por el estallido de la guerra civil española.

El franquismo

 En julio de 1936 el ultraderechista general Franco, junto a otros militares españoles, se levantó contra el gobierno republicano español, a raíz de lo cual, en el invierno de 1939 Cataluña fue ocupada por el ejército franquista. La victoria del bando llamado nacional y la dictadura que instauró el tirano Franco, comportó en España, el exilio, la muerte y la represión de numerosos militantes republicanos y de los partidos y sindicatos obreros. El nuevo régimen suprimió inmediatamente el Estatuto de Cataluña, reprimió toda manifestación de catalanismo y prohibió el uso público de la lengua catalana. En 1940, el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, capturado en Francia por los nazis, fue entregado a los perversos franquistas y fusilado el 15 de octubre de ese año en Barcelona, luego de un vergonzoso y sumarísimo juicio.

 Tras una larga y dura posguerra, caracterizada por el clima de represión política y social y de atraso económico y cultural,  la política del dictador, para ir dividiendo a los catalanes, fue propiciar la aportación migratoria de gentes venidas, fundamentalmente, del sur de España, con lo que Cataluña experimentó un gran incremento de la población, que pasó de 3 a 6 millones de habitantes entre 1950 y 1980. Debido a la existencia de una industria que necesitaba mano de obra, este enorme salto demográfico, que configuró de manera decisiva la sociedad catalana actual, no provocó un colapso en Cataluña.

Democracia, autonomía e integración europea

 Muerto Franco en 1975, España evolucionó hacia un estado democrático y autonómico, definido en la Constitución de 1978. En 1977 fue restablecida de manera provisional la Generalitat de Cataluña, en la persona de su presidente exiliado, Josep Tarradellas, que regresó a Barcelona en octubre de aquel año. En 1979 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Cataluña, que permitía el restablecimiento del autogobierno. En 1986 España se integró a la Unión Europea, dentro de la cual Cataluña propugnó el reconocimiento del papel de las regiones como motores del desarrollo económico y del bienestar social. En el periodo 1980-2003, caracterizado por el desarrollo autonómico, gobernó la coalición Convergencia y Unión (CIU), encabezada por el presidente Jordi Pujol. En 2003, Pujol fue sucedido por Pasqual Maragall, con un gobierno tripartido (PSC-ERC-ICV), que impulsó la reforma del Estatuto de autonomía de Cataluña para adaptarlo a la nueva realidad catalana. Este nuevo estatuto entró en vigor en 9 de agosto de 2006. En noviembre del mismo año, José Montilla sucedió Maragall como presidente de la Generalitat de Cataluña.

 Es importante destacar que, luego de que el Estatuto fuera votado mayoritariamente por el pueblo catalán y a pesar de la promesa del presidente de gobierno (español) Rodríguez Zapatero de aprobarlo tal y como fuera votado en Cataluña, sufrió un recorte cercano al 70% de su contenido, una buena parte del cual fue propuesto por Montilla, en ese momento Ministro de Industria y Comercio del estado español. Posteriormente el “partido popular”, es decir la extrema derecha heredera del franquismo, presentó ante el Tribunal Constitucional español un recurso en contra de lo poco que quedaba de dicho Estatuto. Este TC, luego de 4 años se expidió en los primeros días de Junio de 2010, modificando once artículos fundamentales e interpretando otros siempre, obviamente, con resoluciones perjudiciales para Cataluña, lo que provocó que el día 10 de de Julio de ese mismo mes, un millón y medio de personas salieran a las calles de Barcelona con banderas catalanas y muchas independentistas, bajo el lema “Som una nació, nosaltres decidim” (Somos una nación, nosotros decidimos), que culminaron la manifestación al grito de “Catalunya independent” (Cataluña independiente).    

La población

 Su enclave privilegiado en el Mediterráneo ha hecho del territorio catalán un lugar de paso, de intercambio de ideas, costumbres y personas que han configurado la cultura y las tradiciones catalanas. La sociedad catalana, que en este comienzo del siglo XXI, ha superado los 7,5 millones de habitantes, se ha construido a partir de este intercambio, fruto de una larga historia de migraciones y transacciones comerciales con otras culturas y naciones.

 Los catalanes tenemos una intensa tradición asociativa que configura uno de los ejes integradores de la sociedad civil. Hay asociaciones de tiempo libre, de defensa de los derechos humanos y sociales, de vecinos, de padres de alumnos, de género y también de colectivos de inmigrantes.

 En Cataluña se han producido varias oleadas migratorias. En el año 1900 tenía cerca de dos millones de habitantes y entre los años 50 y 70, como ya dijimos, ya contaba con más de cinco millones.

 La segunda oleada migratoria se produjo a principios de los años 90 y con la entrada del nuevo siglo toma más fuerza, de forma que desde el 1992 al 2006 la población aumentó hasta superar los 7,5 millones de habitantes.

 Aproximadamente el 60% de la población de Cataluña vive en el área metropolitana de Barcelona. Las zonas más despobladas se encuentran en las comarcas pirenaicas. La tasa de natalidad el año 2003 era de la 11,1% y la tasa de mortalidad del 9,1%. Con respecto a la pirámide de edades de la población catalana, el grupo más numeroso es el que comprende la franja de edad de 20 a 50 años, aun cuando en los últimos años, como pasa a la mayoría de sociedades acomodadas, se percibe un cierto envejecimiento de la población y un incremento de la esperanza de vida, que llega a los 80 años (una de las más altas del mundo).

Los símbolos nacionales

 Cataluña tiene símbolos representativos y distintivos propios: la bandera catalana, el himno y el Día Nacional.

La banderabandera

  La bandera de Cataluña es de las denominadas heráldicas, surgida de la translación de la señal del escudo de los condes de Barcelona a un tejido. Posiblemente la bandera, pendón o estandarte de los condes fue anterior al escudo. No tenemos referencia documental hasta el siglo XIII, pero es una de las más antiguas de Europa.

 Al principio los palos del escudo eran representados en la bandera ya verticalmente ya horizontalmente. Esta última disposición fue la que acabó imponiéndose y es la bandera oficial de la nación catalana: cinco franjas amarillas y cuatro rojas, alternadas, todas del mismo grosor. Fue oficializada por el Estatuto de autonomía de Cataluña, ley orgánica del Estado de 1979. .

El himno

 “Els Segadors”  (Los Segadores) es el himno nacional de Cataluña desde el siglo XIX. El texto literario actual es debido a Emili Guanyavents y data de 1899. Utiliza elementos de la tradición oral que ya había recogido anteriormente el escritor y filólogo Manuel Milà i Fontanals el 1882. La versión musical es de Francesc Alió, que la compuso el año 1892 adaptando la melodía de una canción ya existente. Hace falta, pues, ver detrás del himno una primitiva canción nacida a raíz de los hechos históricos de 1640: la guerra de los catalanes contra el rey Felipe IV, en la cual los labradores protagonizaron episodios importantes.

 El himno tiene las características de un llamamiento enconado a la defensa de la libertad de la tierra. Solemne y firme, une voluntades a favor de la supervivencia de un pueblo que proclama su realidad nacional.

 Por la ley del Parlamento de Cataluña del 25 de febrero de 1993, Los Segadores fue declarado himno nacional de Cataluña.

 La grabación oficial sonora fue realizada y divulgada en 1994.

El Día Nacional

 La primera ley aprobada por el Parlamento de Cataluña al constituirse, en el año 1980, fue la que declara el 11 de septiembre Diada nacional de Cataluña, en los siguientes términos: "(...) El pueblo catalán en el tiempo de lucha fue señalando un día especial, el Once de Septiembre, como Fiesta de Cataluña. Fiesta que, si bien significaba el doloroso recuerdo de la pérdida de las libertades, el once de septiembre de 1714, y una actitud de reivindicación y resistencia activa enfrente de la opresión, suponía también la esperanza de una total recuperación nacional. Ahora, al retomar Cataluña su camino de libertad, los representantes del Pueblo creen que la Cámara Legislativa debe sancionar aquello que la Nación unánimemente ya ha asumido. Por eso el Pueblo de Cataluña establece, por la potestad de su Parlamento, la siguiente Ley: Artículo primero. Se declara Día Nacional de Cataluña la fiesta de la once de septiembre. Artículo segundo. Esta Ley entrará en vigor el mismo día de su publicación en el Diario Oficial de la Generalitat. Por lo tanto, ordeno que todos los ciudadanos a los cuales sea de aplicación esta Ley cooperen en su cumplimiento y que los Tribunales y Autoridades a los cuales ataña la hagan cumplir."

La lengua catalana

 El catalán es la lengua propia de Cataluña. Tiene el rango de lengua oficial junto con el castellano (el fallo vergonzoso del Tribunal Constitucional al que hacíamos referencia, puede alterar algunos aspectos en lo que hace a la Administración, pero dado que aún no se aplica, no sabemos las consecuencias). El catalán también es la lengua de una extensa área del este del Estado español (las Islas Baleares, el País Valenciano, y una parte de Aragón -la Franja de Poniente-), de Andorra dónde es la única lengua oficial, del sur de Francia (la denominada Cataluña Norte) y de la ciudad italiana de Alguer. En conjunto, la lengua catalana es hablada en un territorio de 68.000 km² dónde viven casi 13,5 millones de personas. De estas, se estima que más de 9 millones son capaces de hablarla, mientras que la pueden entender 11 millones.

Domini lingüístic de la llengua catalana Es una de las lenguas románicas o neolatinas formadas a raíz de la disolución del latín, entre los siglos VIII y X, en los territorios del Imperio Carolingio que componían los condados de la Marca Hispánica. Como en la mayoría de lenguas, se pueden distinguir varias variedades geográficas de la lengua catalana: noroccidental, central, septentrional o rosellonés, valenciano y balear.

 Los primeros textos escritos en catalán que se conocen son fragmentos de la versión catalana del Forum Ludicum y Les Homilies d’Organyà, ambos del siglo XII. En los siglos del Renacimiento y el Barroco, vivió una etapa de decadencia con respecto a la literatura culta, pero se mantuvo en la legislación y la Administración y como lengua popular, hasta la Renaixença (segunda mitad del siglo XIX), movimiento que devuelve el catalán a la categoría literaria. A comienzo del siglo XX, el catalanismo político reivindicó la enseñanza del catalán y el uso de la lengua en la Administración, cosa que posibilitó la creación de la normativa moderna gracias, sobre todo, a la tarea del filólogo Pompeu Fabra (1868-1948).

 Durante la dictadura franquista (1939-1975), el idioma catalán fue objeto de persecución sistemática, pero perduró como lengua de transmisión familiar hasta que, con la recuperación de las libertades democráticas, se devolvió la dignidad al catalán y se normalizó el uso en escuelas, medios de comunicación, mundo económico e industrias culturales.

Otros aspectos de Cataluña

La cultura

 Cataluña ha dado figuras importantes en casi todos los ámbitos de la cultura -artes y humanidades- y también en el campo de la investigación científica. La situación física ha facilitado la penetración de las corrientes de arte y de pensamiento europeos; la presencia de una capital de la envergadura de Barcelona ha contribuido a dar fuerza y difusión al mundo cultural y científico catalanes.

Arquitectura y Urbanismo

 A lo largo de los siglos, se han ido desarrollando y adaptando los estilos artísticos predominantes en Europa. Iglesias, monasterios, catedrales... hay muchos ejemplos del románico, muy arraigado en la Cataluña Vieja, y del gótico, estilo que triunfa en las ciudades y, en general, en la Cataluña Nueva.

 Encontramos ejemplos interesantes por todo el país de arquitectura renacentista, barroca y neoclásica, pero es el Modernismo, a finales del siglo XIX -época de expansión económica y demográfica- que se presenta como un arte nacional y da una importancia especial a las artes decorativas. Nombres de renombre mundial en este estilo son Antoni Gaudí (con obras tan importantes como la Basílica de La Sagrada Familia, la Casa Milà “La Pedrera”, el Parque Güell o La Casa Batlló), Lluís Domènech i Montaner (el Palacio de la Música Catalana y el Hospital de San Pablo son sus proyectos más emblemáticos), o Josep Puig i Cadafalch (la Casa Amatller, la Casa de les Punxes -de las Puntas- y la Casa Macaya son sus obras más reconocidas), entre otros muchos. No podemos dejar de lado al Arq. Miquel Garriga i Roca que en 1845 inició la construcción del Gran Teatro Liceo en Barcelona, que sufrió su casi total destrucción por un incendio 1861, reconstruido en 1862 por el Arq. Josep Oriol Mestres, mientras que en 1994 sufrió un nuevo incendio, siendo reinaugurado en 1999 con proyecto del Arq. Ignasi de Solà-Morales.

 También es importante mencionar al ingeniero urbanista Idelfons Cerdà i Sunyer que en 1859 presentó el plan regulatorio urbanístico de Barcelona conocido como Eixample (Ensanche), que comenzó a aplicarse un año después.

 El racionalismo arquitectónico tuvo, en los años veinte, en el grupo del GATPAC un interesante florecimiento, con figuras como Josep Lluís Sert, Torres Clavé, Churruca, etc. En la época contemporánea hay un interesante grupo de urbanistas y arquitectos como Josep A. Coderch, Ricard Bofill, etc.

Artes plásticas

 Las artes plásticas han dado obras y figuras espléndidas a lo largo del tiempo. El siglo XX ha sido especialmente rico en artistas de renombre internacional, como Picasso (1881-1973) -que se formó en Cataluña-, Joan Miró (1893-1983), Ramon Casas i Carbò (1866 – 1932), Santiago Rusiñol i Prats (1861 – 1931), Josep Clarà i Ayats (1878 – 1958) y Josep Llimona i Bruguera (1864 – 1934). Salvador Dalí (1904-1989) es otro de los grandes artistas reconocidos por todas partes; adscrito a los movimientos surrealista, vanguardista e iconoclasta. También ha logrado prestigio internacional, a partir de los años cincuenta del siglo XX, el pintor Antoni Tapias, la pintura informalista del cual ha tenido gran influencia.

Literatura

 En el ámbito de las letras, Cataluña ha vivido varios momentos de esplendor. Arranca con las crónicas historiográficas de los siglos XIII y XIV, las novelas caballerescas de Joanot Martorell y la poesía de Ausiàs Marc. Durante la segunda mitad del S. XIX irrumpen los movimientos románticos europeos, que dan paso a la Renaixença (Renacimiento) cultural y política, con el poeta Jacinto Verdaguer o el novelista Narciso Oller, seguidos del poeta Joan Maragall o el dramaturgo Àngel Guimerà, próximos al Modernismo.

 El primer tercio del S. XX vivió movimientos como el Noucentisme (Novecentismo) y las primeras vanguardias, con poetas como Josep Carner, Carles Riba o J. V. Foix. Del triste período de la Guerra Civil sobresalen autores como Josep Pla, Mercè Rodoreda o Salvador Espriu, mientras que en el último tercio del siglo encontramos poetas como Miquel Martí i Pol y novelistas como Quim Monzó, en catalán, y notables escritores en lengua castellana, como Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán o Eduardo Mendoza, que sitúan su obra en la Barcelona contemporánea. Los últimos años, han sido éxitos internacionales remarcables novelas como "La sombra del viento", de Carlos Ruiz Zafón o "La piel fría", de Albert Sánchez Pinyol.

Música

 La música catalana culta tiene una larga tradición, desde la famosa recopilación del Libro Rojo de Montserrat, pasando por compositores de la talla de Enric Morera, Enric Granados o Isaac Albéniz, por citar sólo los nombres más reconocidos.

 En el ámbito de los intérpretes, son figuras muy destacadas el violoncelista Pau Casals, la pianista Alícia de Larrocha y el violinista de gamba y musicólogo Jordi Savall. Con respecto a la ópera, destacan grandes voces catalanas como Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Jaume Aragall o Josep Carreras.

 En el campo de la música popular, junto a los grandes compositores de sardanas -Pep Ventura, Juli Garreta-, tiene importancia la tradición coral y orfeonista, con Anselm Clavé e instituciones de prestigio como el Orfeón Catalán.

 Modernamente, el cultivo de toda clase de géneros musicales ha dado figuras del interés de pianistas como Tete Montoliu o Manel Camp para el jazz; Raimon, Joan Manuel Serrat, Lluís Llach o Maria del Mar Bonet entre los cantautores, sin olvidar grupos de pop y rock como Els Pets o Sopa de Cabra, o autores como Pau Orilla y Jaume Sisa, o con respecto al clásico y popular catalán Carles Coll con la Orquesta de Cámara del Empordà y Josep Prats o Josep Maria Castelló en dirección coral, entre otros muchos. Las últimas tendencias, como la música electrónica, experimental e independiente tienen en Cataluña, y especialmente en Barcelona, un enclave estratégico, con la celebración de festivales como el LEM, el Sònar o el Primavera Sound.

Diseño

 Otro campo en que Cataluña es un referente indiscutible son las artes decorativas. La eclosión del Modernismo, supuso un gran impulso en la factura de muebles, cerámicas, forjas de hierro, etc. y las tendencias modernas del diseño han arraigado con fuerza desde los años sesenta del siglo XX y han convertido a Barcelona en un importante centro de diseño industrial. Nombres destacados en este sector son André Ricard, Miquel Milà, J.A. Coderch y Òscar Tusquets, entre otros.

Cataluña en el mundo

 Cataluña es un país con una clara vocación internacional. Por un lado, su actuación en el exterior tiene un espacio primordial, Europa, qué contribuye a reforzar el papel de las entidades locales y regionales por la vía de la pertenencia al Comité de Regiones y otros organismos europeos, a la vez que participa activamente en la política europea del Estado español. Además, Cataluña también hace sentir su voz en Europa mediante la participación activa en el movimiento regional europeo, un conjunto de asociaciones que defienden los intereses de las regiones en el actual proceso de construcción europea, que se inicia por los ámbitos de más proximidad geográfica, la Euro región Pirineo/Mediterránea y la Comunidad de Trabajo de los Pirineo, pero también trabaja para establecer un puente entre la Mediterránea y la región báltica, así como con la Europa Central y Oriental.

 Por otro lado, la sociedad civil catalana tiene una fuerte implicación con los países más desfavorecidos o que circunstancialmente se enfrentan a grandes catástrofes y emergencias. Este compromiso ha dado un gran empujón a la cooperación internacional, que se ha traducido en la Ley 26/2001 (catalán, castellano, inglés y francés), de cooperación al desarrollo, aprobada por unanimidad el 31 de diciembre de 2001. La Ley permite optimizar la actuación de la política catalana de cooperación internacional a favor de sus destinatarios que son, principalmente, los pueblos del Mediterráneo, la América Latina y la África Subsahariana.

 Cataluña es y ha sido a lo largo de la historia un país de encuentro en qué han convivido diferentes culturas de todas partes del mundo pero, además, el pueblo catalán se ha caracterizado por su proyección internacional. Ya sea voluntariamente o forzados por necesidades económicas o políticas, un gran número de catalanes se han establecido en el exterior. En estos momentos, se calcula que unos 200.000 catalanes viven en diferentes países de todas partes del mundo. Los, aproximadamente, ciento veinte Casales Catalanes que existen repartidos por los cinco continentes, son puntos de encuentro para todos ellos, a la vez que actúan como auténticas embajadas y centros para dar a conocer la cultura catalana.

 Precisamente, la cultura catalana disfruta de un amplio reconocimiento por todas partes y la producción cultural e industrial es valorada por su calidad. La empresa catalana está cada vez más preparada para las nuevas pautas de la economía mundial. Cataluña gana día a día presencia al exterior, en un proceso de gradual normalización de su imagen internacional.

Costumbres y tradiciones

La Sardana, los Bailes Catalanes y la tradición de los Castillos

 Cataluña tiene una gran riqueza de costumbres y tradiciones, y las fiestas del calendario litúrgico o locales llenan de animación las plazas y calles a lo largo del año.

La sardana es considerada la danza nacional catalana. Se baila en ronda y al sonido de los típicos instrumentos de viento de la cobla (banda que la interpreta). El baile de bastones y los propios de cada pueblo por pequeño que sea, son otras danzas populares, mientras que las serenatas de habaneras, propias de la costa, recuerdan el pasado de las colonias de ultramar.

 Otra manifestación cultural muy relevante es el levantamiento de castillos humanos, costumbre originaria del Campo de Tarragona que se ha ido extendiendo a otros rincones del país. Las collas (grupos) de castelleros rivalizan para formar los castillos de mejor estructura y mayor alzada, de hasta nuevo pisos, que se coronan con el enxaneta, un niño que, trepado arriba de todo, levanta el brazo mientras suena la chirimía. Hace muy poco, el 16 de Noviembre de 2010, la UNESCO declaró a los Castells (Castillos) Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Fiestas de San Jorge, La Virgen de Montserrat (patrones de Cataluña) y San Juan

 

 Una combinación perfecta de sentimiento y cultura es la celebración de Sant Jordi (San Jorge), patrón de Cataluña. Cada 23 de abril las calles se llenan de flores y de libros.

 Pocos días después, el 27 de abril, se honora la patrona de Cataluña: la Virgen María de Montserrat.

 El atardecer del 23 de junio, la noche más corta del año, coincidiendo con el solsticio de verano, empieza la verbena de San Joan. Es la época en qué el sol está en su posición más alta, y por todas partes queman las hogueras que, dicen, alejan demonios, enfermedades y desgracias, y se escuchan cohetes mientras se come la coca (torta típica) y se bebe cava.

Navidad en Cataluña

 Las fiestas de Navidad (Navidad, Fin de año y Reyes), de cariz especialmente familiar, son muy celebradas a nuestro país, como también lo son, en la primavera, la Semana Santa, con la representación de las "pasiones" y la Pascua.

Además de todas estas fiestas, hace falta mencionar también las fiestas mayores que cada pueblo o ciudad tiene señaladas par a recordar sus patrones, con elementos comunes como los desfiles de gigantes y cabezudos, los correfocs (correfuegos) con diablos y petardos, bandas de música, fuegos artificiales, etc.-